“La revolución está vencida, pero el gobierno está muerto”

Prof. Sergio

Sergio Mucznik

Profesor de Historia

UCR - Puerto Madryn

Una nueva fuerza opositora había nacido un 26 de junio de 1891 transformando la vida política para siempre.

Vivíamos tiempos difíciles, de esos duros de verdad, en donde la mayoría de la ciudadanía no estaba representada. Nos gobernaban una serie de banqueros, grandes terratenientes y exportadores, socios aliados del dominio económico inglés sobre nuestro territorio. Imaginemos el clima de la época: Corrupción administrativa, fraude electoral, desastre financiero, negociados, desempleo, explotación que sufrían los trabajadores. Hacía un año que una gran ola opositora a Miguel Juárez Celman se estaba organizando para manifestar todo su enojo; y un formidable orador de barbas blancas tuvo la oportunidad de mostrar lo aguerrido de su carácter y su fuerte personalidad. Este hombre llamado Leandro Nicéforo Alem junto a Bartolomé Mitre, y otros más, fundarían la Unión Cívica, en abril de 1890, como una muestra de rechazo al régimen imperante aglutinado en el Partido Autonomista Nacional. Fue considerada como la primera oposición organizada de ciudadanos frente a un régimen corrupto; un grupo con ideales fuertes y convincentes. Al poco tiempo este decide pasar a la acción directa como alternativa al cambio, ya todo era insostenible.

Fue un 26 de julio de 1890 en la Ciudad de Buenos Ares. Este sería un día muy distinto a todos los demás. Civiles armados y miembros del ejército tomaron el Parque de Artillería, en inmediaciones al actual edificio de Tribunales y la Plaza Lavalle, en la ciudad de Buenos Aires, dispuestos a desafiar a las fuerzas adictas al gobierno. Conduciendo a los revolucionarios estaba Alem ya que Mitre se había ausentado del país por oscuras razones. “Adelante, adelante mis hombres, porque los hombres de bien estamos unidos en una noble causa”. La Revolución del parque había comenzado. Detrás de las trincheras y sobre los balcones decenas de hombres pelaban y morían por un ideal de justicia. Disparos, gritos, dolor; pero la esperanza intacta. Hombres como Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear arengaban a seguir adelante mientras las banderas celestes y blancas flameaban sobre mástiles improvisados en algunas esquinas. Los fusiles se hacían escuchar y las filas rebeldes lentamente se rompían, una por una, sin piedad. Muchos iban cayendo dejando lucir sus boinas blancas de libertad. En pocos días el gobierno tuvo la situación controlada, los rebeldes por fin se habían rendido.

Para entender el fracaso de la revolución hay que mirar a algunos generales que se habían comprometido a apoyar la causa y que decidieron a último momento no unirse a los revolucionarios. Hubo además una desorganización en la espera de más participación ciudadana frente a un gobierno impotente en reaccionar. Al mismo tiempo Mitre ya se había reunido en forma secreta con Julio Argentino Roca, el verdadero cerebro del poder por esos años, para presentarle sus propias condiciones más conciliadoras.

“La revolución está vencida, pero el gobierno está muerto” fue lo que afirmaría Leandro Alem buscándole el lado bueno al asunto. Y alejado de todo esto no estaba. Había logrado mover el avispero plagado de corrupción y de ilegitimidad. Juárez Celman renunciaría a la presidencia y, en su lugar, asumiría su vicepresidente, Carlos Pellegrini, hombre cercano a Bartolomé Mitre. La Unión Cívica se dividiría entonces entre la "Unión Cívica Nacional”, sector que pactaría con el nuevo gobierno sumándole integrantes a su gestión; y la "Unión Cívica Radical”, que representaba al sector más intransigente de los revolucionarios y que cuyos miembros se negaban a pactar con las nuevas autoridades. Estos se mantendrían firmes en sus ideas de libertad, justicia, transparencia electoral y respeto a la Constitución Nacional. El fraude se mantendría aunque el poder había cambiado de manos.

Pero ya se respiraban aires de cambios a lo largo y a lo ancho del país. Una nueva fuerza opositora había nacido un 26 de junio de 1891 transformando la vida política para siempre.

MAS BIBLIOGRAFIA

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